Todo empezó

Todo empezó con un limonero pegado a la fachada de mediodía de una casa de Torrent, un pequeño pueblo en la provincia de Girona. La primera vez que lo vi era un día gris y llovía: solo el limonero estaba radiante. Era espléndido, estaba cargado de limones y las ramas se doblaban por el peso de la fruta.

Mientras superábamos todas la adversidades de restaurar una casa, empezó la cosecha de limones: empezamos preparando zumos, luego, cremas, sorbetes y tartas, hasta que una amiga inglesa me dio una receta de mermelada de limón.

Nunca había hecho una mermelada, ni una confitura y entré en un mundo que desconocía por completo y que me fascinó. Posteriormente, en un viaje a Biarritz, descubrí un pequeño museo del chocolate y entonces se me ocurrió que podía crear uno dedicado al mundo de la confitura.

Todas las frutas, las verduras y las flores me parecían idóneas, las posibilidades eran infinitas, y elaborar nuevas confituras o hacer las más tradicionales me daba, y sigue dándome, una gran satisfacción; un regalo que debo al limonero.

Georgina Regàs

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